Como comunicadores internos, nuestros mayores competidores no están fuera, sino entre nosotros. Mientras que la publicidad y el marketing compiten por ganar mercados, nosotros competimos por ganar la confianza.

Por definición, la comunicación interna apunta a los colaboradores que ya son parte de nuestra organización. Sí, trabajamos para lograr engagement, y algo hay de endomarketing y construcción de marca empleadora; pero en general el foco no es “inclinar la balanza” para que el empleado elija un trabajo, como quien compra un desodorante u otro.

En cambio, nuestra “agenda” está llena de comunicar estrategias, coordinar procesos, apoyar cambios, promover valores… y otros temas tan específicos como es la situación y cultura de cada organización en un momento dado.

En comunicación interna el mayor competidor no es el colega de otra empresa, porque él también está operando en las particularidades de su organización, que corren en paralelo a las nuestras. En cambio, nuestros verdaderos “archi enemigos” son:

  • El rumor – rápido y colorido, manifiesta lo que la gente piensa más allá del discurso oficial y “da en la tecla” con los códigos del día a día. Así, tiene todas las de ganar. Nosotros comunicadores, tenemos todas la de aprender (de él).
  • La hostilidad y antipatía – la predisposición negativa que puede convertir de forma rápida un entorno laboral agradable en un ambiente que se corta con tijera.
  • La queja – una actitud de victimización, en la que se insistir en los obstáculos desde una postura pasiva, sin aportar ideas ni generar las condiciones para superar los retos.
  • La indiferencia – la falta total de energía e interés, que puede trancar procesos y proyectos de forma sutil.

Estos “enemigos” son propios de la vinculación humana y están presentes en toda organización.  Puesto que todos vamos en una misma dirección, podemos compartir información, experiencias y hasta inquietudes que nos nutran a la hora de abordar nuestra tarea.

Como colegas, tenemos que hacer frente común.