El aislamiento de las áreas –las famosas “chacritas”- es un tema cultural que requiera un abordaje integral. Pero como en todo problema de vínculo, trabajar desde la comunicación ya es la mitad del partido.

Al momento que se detecta falta de colaboración entre áreas siempre alguien larga, cual respuesta automática de Outlook: “¡hagamos un team-building con juegos!”. Y es que esas actividades sí funcionan y muy bien… a veces. Abordar la colaboración requiere una indagación más profunda, en el que la primer observación debe ser ¿por qué no se está dando?

  • No se sabe para qué – es un problema básico de comunicación institucional. Si no está clara la visión de la organización, las metas, los drivers del negocio… el “big picture”, en definitiva, el empleado no puede ajustar su conducta a algo más allá que su microentorno. Se dedica a su tarea, porque no le encuentra el sentido a movidas más amplias.
  • No se sabe cómo – sabiendo que la empresa es un sistema, el “output” de un área es el “input” de la otra. La conversación que a veces falta es determinar las “condiciones de entrega”, la forma en que cada equipo debe generar valor para que se pueda aprovechar mejor en el siguiente paso.
  • No hay buen clima interpersonal – el deseo de forjar y mantener vínculos positivos son motivadores clave de la colaboración. Si hay desconocimiento o –peor- tensión entre las personas es prioritario abordarlo: una cooperación forzada puede ser aún contraproducente.
  • No se le da prioridad ayudar está bien, podrán pensar, pero mientras no implique sacrificar tiempo y energía para otras cosas. ¿Y qué otras cosas? Lo que recompensa, por supuesto. Mientras la colaboración no sea medida y reconocida –aunque no sea económicamente, por lo menos como punto cuali en la evaluación de desempeño- siempre va a ser el último orejón del tarro.

Y el que los atraviesa a todos:

  • No se fomenta desde arriba – aún si a nivel del colaborador hay entendimiento, motivación y capacidad, la colaboración no se va a dar si los líderes caen en los puntos anteriores. Los equipos naturalmente aprenden del ejemplo, por lo que el primer lugar donde intervenir es en los primeros niveles jerárquicos.

La colaboración es una característica cultural que, como cualquier otra, puede instalarse con una intervención acertada, que haga sentido a la gente y sostenida en el tiempo.